jueves 14 /06/2007
" las puertas de nuestro cielo
Los que crecimos marcados con el sonido de Dylan aprendimos algunas cosas que la escuela no te enseña, ni siquiera los colegios de pago en los que nos educaron pensando que todo iba a ser mejor.
Escuchamos letras que parecían contar cosas, con una pegadiza melodía acompañada por una horrible voz que no impedía repetir las canciones hasta rayar el casete grabado.
Buscamos en los diccionarios la traducción de aquellas letras que atraían, lo hicimos para buscar una respuesta a nuestra juventud. Pero la respuesta que buscábamos estaba en el viento, algo que aún ponía las cosas más difíciles.
¿Por cuántos años habrá que existir para descubrir la libertad?
¿De cuántas muertes tenemos que saber para comprender el dolor.?
Aquellos temas sonaban en nuestra vida, ahora suenan en nuestra memoria, nos hicieron sentir llamando a las puertas del cielo, como en ese momento justo antes de dejar de ser, tras la búsqueda inocente e incesante de nuevas sensaciones, y nos embarcaron en un vuelo sin regreso cargado de adrenalina. Esto era así por estar bañados en la juventud. ¿Qué es la juventud sino esto?
Y la juventud trajo una fría nube oscura a algunos de nuestro alrededor, y les hizo sentir como si estuvieran llamando a las puertas del cielo. Puede que el cielo nunca se abriera para ellos.
Y la música seguía sonando en el Candela, mientras la vida marcaba con su reloj un tiempo diferente tras esas puertas, a las que también llamamos para ver si el cielo estaba allí, pero la respuesta tampoco hizo las cosas más fáciles.
Dylan seguió componiendo y se impuso a su juventud. No buscó el aplauso, sino la concordia, no buscó el beneplácito, sino el debate, no buscó la gloria, sino la reflexión.
Hoy Bod ha conseguido el Príncipe de Asturias de las Artes por ser el “faro de una generación que soñó con cambiar el mundo” Eso para él no es nada.
La respuesta sigue en el viento, al menos sigue, la juventud pasó, las cosas cambiaron, igual que cambiaron en el Candela, o en la vida de los que hasta allí nos acercamos hasta la saciedad para llamar a las puertas del cielo y buscar una respuesta.
J.Rubio
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