Le pedí azúcar marrón y su mirada me regaló una evasiva, le pedí que levantara la persiana temprano, su mirada me regaló una mirada de desconfianza, le pedí volar a Australia para recoger manzanas juntos, su mirada se perdió en el oscuro pasado, le pedí acompañarnos el resto de la juventud, su mirada parpadeó escéptica, le pedí tumbarnos en la hierba verde, su mirada se mostró humillada, le pedí bañarnos en el río helado, su mirada fue impenetrable. Me pidió emborracharnos con los rayos de sol, mi mirada abrasó su alma. Me pidió demasiadas respuestas para un tiempo incierto, mi mirada debió mostrarse conmovedora. Me pidió comida para un corazón y un cuerpo hambriento y me pidió que no me bajase jamás del ring.
Olvidé preguntar si los pañales son sólo para los niños e ingenuos pequeños o pueden seguir usándose pasados los 16, cuando la mentira ya debería viajar lejos por el retrete.