Salí de casa con la maleta medio vacía.
Quería volver con la maleta llena.
Buscaba llenarla con diecinueve razones.
He traído más. Muchas más.
He escuchado, una de las mejores fórmulas para aprender.
He observado, otra buena forma de llenarse de grandes sensaciones.
He volado a gran velocidad sobre la iluminada ciudad en llamas, como cuando yo regalaba mis diecinueve razones.
He bailado al son de la belleza.
He nadado entre las aguas claras y bajo un sol auténtico, como el que regala un corazón grande.
He acariciado el rostro de la verdad.
He caminado junto al camino, sobre el camino, paralelo al camino, dentro del camino, sin brújula y sin miedo a perderme.
He sonreído como había deseado muchas veces mientras esperaba una sonrisa.
He descansado sobre el alivio del sosiego.
He encontrado sin buscar en un inmenso fondo repleto.
He contado mis batallas en un frente de paz.
He regalado con mi mano derecha sin consultar con la izquierda.
He aprendido.
He bebido de la fuente de agua transparente y clara, de ese manantial que brota de la mejor tierra
He disfrutado de los placeres que surgen de otros placeres.
He ganado sin competir.
He compartido mesa y mantel para dos, ese número mágico.
He extraviado mi prejuicio atraído por la dulzura de un canto.
He seducido a la verdad reviviendo mis olvidadas primaveras.
He llenado mi maleta y ahora no puedo cerrar la cremallera.
Agosto 2007, entre sus soles y alguna de sus nubes.