Cuando sea el tiempo de amarte te amaré.
Pero ahora no es momento. Ahora debo olvidarte. A pesar de que la imaginación me cansa con sus juegos. Miro el rostro en el espejo y espero el principio para guardarte en un rincón.
En la fina línea de la vida, cuando está partido el corazón, el odio es una película sin importancia que ya ni siquiera te encoge de hombros.
Cuando te mire y no necesite nada sabré que existe el olvido. Cuando todo ya no tenga que ver con tu todo y cuando encontrarte no sea la manera de perderme, sabré que he aprendido a olvidar.
Si mañana sentir no eres tú, si la luz no llega contigo, todo será mejor.
Si mañana perdiera la sed y lloviese al otro lado del paraíso…
Si mañana tuvieran forma estos pedazos rotos, esta dictadura del corazón…
¿Por qué iban a reparar estos cedros, compañeros de paseo, o los sauces, las acacias, los olmos o los pinos en este iluso ánimo solitario?
La noche que te ofrecí mis días me llamaste poeta.
El día que me regalaste este descuido mi rima envejeció.
El día que embarcaste sobre mis pasos te llamé ilusión.
¿Cuando dormirán conmigo todas nuestras tardes?
A pesar de que fueron pocas, muy pocas, como tus besos, como tus abrazos... ¡Demasiado oleaje en esta agostada tarde de marejada con viento sur!
Voy a salir a caminar, los sauces y las acacias llegarán a reparar en la ilusión de tu regreso, como ayer regresó la luna hasta la mirada de una desconocida que ofrecía su queja entre sonrisas, tras los besos de los arbustos.
El tiempo sólo es interminable cuando se desprecia el riesgo de la peor de las esperas, saber que alguien no volverá.