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"...y veo que tras tus manos frías no existe un corazón caliente..."

 

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Viernes 02 /11 /2007

Se empeñaba en poseerme, pero esto siempre resulta imposible para el ser.

Yo bailo en el agua, sobre el aire, sobre los desiertos de arena con formas sin definir.

Escucho del silencio, aprendo de la nada, observo en el vacío del mañana y me releo.

La sustancia que me invade es un espíritu finito,

y como tal la disfruto, la escucho, la vivo.

 

El espíritu que me regalaron es el disfraz que me sirve para hacerte feliz,

para hacerme de dicha, para ser.

 

Nada existe sin sentido, y ese sentido es lo que soy, lo que te explico, lo que te cuento.

Dame un abrazo, es lo que necesito si me dices tu nombre mientras cierras la puerta.

Y mientras cierras la puerta, la boca oculta tu sed y yo te observo.

 

Y veo que tras tus manos frías no existe un corazón caliente, sino un alma que arde.

Pero las almas calientes se enfrían en los días helados,

en las mañanas sin norte, en los atardeceres poco cálidos.

Necesito que sonrías sin pensar que el amarillo del limón es verde,

y que las naranjas son amarillas, que son sueños que sueñas lejos,

necesito que pienses que los besos existen.

Quiero que veas que te abracé porque lo necesito, no porque lo pediste.

 

Cerraste la puerta, y yo me llevé tu limón verde, el que dijeron que era de lima,

el que besamos en sueños que existen y que algún día dejarán de ser sueños,

cuando quedemos un día, cuando queramos una noche. Quizá cuando nos queramos.

 

Amanece lento, como las cosas que llegan desde la nada, y estás aún más lejos.

Despierto en el día, en el momento perfecto, cuando no tengo sabor a tus besos,

cuando no creo que existan los versos, cuando de nuevo te veo en mis sueños.

 

Entiendo de desesperanza, de ánimo desvanecido y desesperación.

De noches en guardia y sueños de anhelo, deseo vehemente, vencido deseo.

 

Me vuelvo a la nada, te espero mañana. Escondido en el humo, en los vuelos de miradas.

Te espero mañana, cuando tus manos me despidan y me reproches un abrazo.

 

Te veo mañana, cuando el limón verde caiga en mi vaso y me mires olvidada.

 

En esa noche que despide el primero de Noviembre y recibe su segundo amanecer.

Javier Rubio 02 10 2007

 

 

 


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