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ISABEL GOIG VISITA SARNAGO REPORTAJE La hospitalidad de las gentes de Sarnago
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22 de agosto de 2007. - Soria Noticias - Isabel Goig - Estábamos convocados en Sarnago a las 7 de la tarde, aunque llegamos tarde (algo que no acostumbramos y que se debió a un error). Lejos de molestarse por la tardanza, los habitantes de este pueblo (ya se les puede llamar así con rotundez, toda vez que son ocho los censados) nos acogieron con el cariño y la hospitalidad con que acostumbran. Para quien todavía no conozca este lugar de Tierras Altas, a escasos kilómetros de San Pedro Manrique, a cuyo municipio pertenece, diremos que se trata de uno de los pueblos que en su día fueron abandonados, con gran disgusto por parte de la mayoría. Sus habitantes, como los de Buimanco, Armejún, Arguijo, Vea, Peñazcurna…, buscaron en otras tierras unas salidas laborales que la propia les negaba. Pero nunca olvidaron la suya, y en cuanto les fue posible comenzaron a arreglar las casas y a reunirse, durante el mes de agosto, para pasar unos días juntos y recordar la vida de ellos y la de sus antepasados, a la vez que gozaban y vivían en contacto con la hermosa naturaleza que les rodea. Poco a poco fueron haciendo acopio de muebles, aperos y utensilios, y hace ya muchos años que organizaron un museo etnológico que muestran orgullosos. No es para menos. El agua, mejor dicho, la carencia de ella, supone casi desde siempre un problema grave que, al parecer, y según nos dijo el propio alcalde de San Pedro Manrique, será solucionado en breve, ya que disponen de partida presupuestaria para comenzar a solventar el problema. La tarde-noche del día 18 de agosto, fuimos convocados para presentar el número 1 de la revista de la Asociación de Amigos de Sarnago. La primera publicación fue el 0, y allí estuvo, en la presentación, Julio Llamazares, quien se inspirara en Sarnago para su impagable novela La lluvia amarilla. De eso hace ya dos años. Este de 2007, José María Carrascosa, secretario de la Asociación que preside David Izquierdo, quiso que fuera Isabel Goig quien se sentara con ellos en la presentación de la revista, explicando algunas de las causas que motivaron la despoblación en Soria. Estaba también –o principalmente- Abel Hernández, escritor y periodista, nacido en Sarnago, quien leyó dos cortos relatos de lo que será su próximo libro: Cartas a Sara, una narrativa intimista, con un inevitable toque nostálgico, en la que va contando a Sara, su hija pequeña, qué fue Sarnago, cómo fue su infancia en el pueblo, el entorno, su historia, sus historia... Después, entre todos los que componen el vecindario y los que vuelven a pasar el mes, nos obsequiaron con una merienda-cena propia de la zona donde estábamos congregados: chorizo a la brasa, torreznos, tortilla de patatas y unos vinos de La Rioja que hacían honor a la comunidad de procedencia. Fueron unas horas inolvidables. Santiago Álvarez, de Judes, que nos acompañó, junto con Valentina y su madre, Pilar, no cesaba de recorrer el pueblo, de visitar el museo, de hablar con unos y con otros, diciendo de vez en cuando, con los ojos brillantes, “estoy emocionado”. Los demás también. Tuvimos ocasión de hablar con la buena gente del pueblo, de escuchar sus recuerdos, como los de la señora Vicenta, con más de noventa años a cuestas. O la de otra señora que se negaba en redondo a vender su casa “la heredé de mi abuela y la legaré a mis nietos”. Conocimos a Eduardo Alfaro Peña, de quien tendremos ocasión de comentar los libros con los que nos obsequió, magníficos estudios sobre costumbres romanas para la muerte e iconografía funeraria en Tierras Altas. Todo ello a mil doscientos metros de altitud, mientras veíamos desaparecer el sol por el horizonte tiñendo de rojo las tierras recién cosechadas, dejando en penumbra la plaza donde nos reuníamos, como hacían los antiguos habitantes, alrededor de una mesa, en armonía y hermandad. Costaba marcharse. La noche era mágica. Gracias a todos.
La revista Portada y contraportada a color. La primera una foto del museo que recrea el antiguo dormitorio principal de la casa. La contraportada es de publicidad de la Fundación Telefónica. En el interior todas las fotos son en blanco y negro, algunas de ellas verdaderas reliquias. El saludo del presidente de la Asociación de Amigos de Sarnago, David Izquierdo, es un llamamiento para que la asociación sea mimada, al ser la única herramienta con la que cuentan. En el saludo se explica que la asociación tiene grandes retos por delante “está trabajando por poner el agua en las casas, luego vendrá el arreglo del camino, el desescombro de las casas derruidas, el arreglo de las calles, etc., etc. Ya hemos conseguido que Sarnago vuelva a tener varios vecinos empadronados, seguiremos trabajando para que haya, en un futuro no muy lejano, personas viviendo permanentemente”. Le siguen unas páginas dedicadas a recordar la presentación del número 0 de la revista. Sigue un poema de José María Martínez Laseca “A los pueblos de Soria”. De Antonio Ruiz Vega “Las móndidas de Sarnago”. Abel Hernández publica una carta a Sara, con el título de “Las cenizas de Montse”, es un homenaje a Montse Carrascosa, hermana de José María, fallecida recientemente a edad temprana, cuyas cenizas fueron esparcidas en el Cerro del Castillo de su querido Sarnago, “Es ésta la imagen que se me ha quedado grabada esta Navidad. Un pequeño grupo de familiares y amigos subiendo hasta el castillo amorosamente las cenizas de Montse, envueltos en el silencio impresionante de los campos, sin el sonido amable de los cencerros de las ovejas ni el eco lejano de las campanas tocando a muerto. No hacía falta. Un ángel ha rozado el aire. Es como si el pueblo hubiera resucitado de pronto y volviera a estar lleno de vida”. Reyes Lazcano escribe “Sarnago, siempre en mi memoria”, recuerda los momentos vividos en el pueblo, y acaba con unas hermosas palabras que resumen las sensaciones, a veces tan difíciles de plasmar: “Cada vez que vuelvo a Sarnago pienso lo mismo:¡qué no daría yo porque nuestros hijos tuviesen la oportunidad que yo tuve! Todavía no es tarde. Sólo tienen que viajar hasta allí, dejar aparcados coches, móviles, portátiles y demás artefactos que comunican e incomunican al mismo tiempo. Después, caminar. Caminar juntos hacia un lugar. Y escuchar. Escuchar en medio del silencio. No hace falta nada más, la magia hace el resto”. Dos páginas están dedicadas a resaltar la figura de Valentín Carrascosa, nacido en Sarnago, y nombrado Hijo Adoptivo de Mérida, donde llegó, procedente de Madrid, en 1974, y donde ha desarrollado su labor como director de la UNED en la ciudad extremeña. Eduardo Alfaro Peña, de Santa Cruz de Yanguas, escribe “Piedras del pasado para construir futuro: los grabados del XVIII en Sarnago”. Un interesante estudio sobre dinteles donde se acostumbraba a cincelar motivos religiosos, símbolos, cruces, una marca ganadera, y hasta un reloj de sol. Hasta nueve grabados ha localizado Eduardo en Sarnago. Suponemos que cuando se limpien las piedras de los solares aparecerán más. José Mari Carrascosa Ridruejo escribe sobre “El pecado de ser emigrante”, un crudo lamento sobre lo difícil que resulta encontrar acomodo completo, encaje, en cualquier sociedad. “Un día de caza”, es el relato con el que ha colaborado Isabel Goig, situándolo en Tierras Altas, en los años sesenta, cuando los nobles (los hubo en San Pedro y su zona, los duques de Arcos) consideraban suyo, lo fueran o no, todo lo que les rodeaba. “Estuvimos en Intur 2006”, informa de que Sarnago estuvo presente en el recinto ferial de Valladolid con una móndida. Ander Cabrero y familia escriben “1936 fusilamientos entre Fuentebella y Sarnago”, una historia conmovedora más de los tristes acontecimientos que tuvieron lugar en la provincia de Soria en aquellos aciagos años de la guerra civil. La revista Sarnago, a través de Antonio Arroyo, se hace eco del homenaje a D. Delfín Hernández Domínguez en Valdeavellano de Tera, donde don Delfín es cura-párroco desde hace 36 años. “Un verano cualquiera” se debe al recuerdo de David Izquierdo. Día a día va recordando las faenas agrícolas, ganaderas y también las fiestas “El veinticuatro de agosto, día de San Bartolomé, cuando la mayoría de los vecinos tenían ya vencidas las tareas de la trilla, se hacía la fiesta para dar gracias al patrón del pueblo, por la cosecha recogida. Ataviados con las mejores galas, la boina nueva, las albarcas menos remendadas o las alpargatas lavadas, se sacaba en procesión por las calles del pueblo”. Javier Narbaiza, en su ya habitual sección “No tan ausente”, colaboró con “Había gente en Sarnago”, un relato de cómo, desde San Pedro Manrique se desplazó al pueblo que suponía deshabitado, y encontró a Milagros. Por último, en “Plan de dinamización del producto turístico de Tierras Altas”, María García Lázaro escribe sobre el plan de dinamización de la zona y los recursos turísticos: patrimoniales, culturales, de naturaleza, etnográficos, etc. Poniendo como ejemplo el recurso micológico.
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