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MURIEL VIEJO POR ISABEL GOIG Apuntes históricos sobre Muriel Viejo
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26 de agosto de 2007. - Soria Noticias - Con motivo de la reciente invitación a los miembros de Websoria –artesanos de la red- por parte del alcalde de Muriel Viejo y de Herminda Cubillo, nos hemos interesado en la historia de este precioso pueblo soriano, y hemos rebuscado en el Archivo Histórico Provincial de Soria, así como en la Biblioteca Pública. Los datos para elaborar el Catastro del Marqués de la Ensenada se llevó a cabo, en Castilla, a mediados del siglo XVIII, a fin de elaborar un censo y tratar de unificar los impuestos. Se conserva perfectamente encuadernado, por pueblos, en el Archivo, donde acudimos siempre con la seguridad de que hallaremos datos fiables y de primera mano. Aunque por orden cronológico, hacemos referencia primero a “Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana”, de don Gonzalo Martínez, publicado en 1983 por Editora Nacional. En la página 143, “Comunidad de Villa y Tierra de Cabrejas”, trata de Muriel Viejo. Parece ser que la repoblación de toda la comunidad, designada más antiguamente Merindad de Cabrejas, fue hacia el 1060 “en que el avance de Fernando I por el Duero, desde Osma a Berlanga, hizo caer en la órbita cristiana a Andaluz, a Calatañazor y también a Cabrejas del Pinar (…) el nombre de Muriel, futura aldea de esta comunidad y luego llamado Muriel el Viejo, aparecerá por primera vez en la documentación el año 1088, al determinarse la línea divisoria entre la recién creada diócesis de Osma y la más antigua de Oca-Burgos”. El Papa Pascual II, el 12 de noviembre de 1108, decide que lo que luego será Merindad de Cabrejas, pase a pertenecer al obispo de Burgos. Pero al parecer debido a las disputas entre ambos prelados, en 1136, en un concilio celebrado en Burgos, atribuye a Osma, entre otras parroquias Cabreillas, Murielas, Calatannazor usque ad serram de Gorbion. Al ser la primera vez que aparece Cabrejas, el padre Gonzalo cree que la repoblación de la Villa fue posterior a la de Muriel Viejo. “En 1136, Cabrejas y Muriel son citadas a la par, y ambas conservan aún hoy día las ruinas de sus respectivos castillos; pero con el paso de los años, sin que nos sea posible precisar en qué momento exacto, por el silencio documental que a partir de 1136 envuelve a ambas villas, Cabrejas acabará imponiéndose sobre Muriel, y ésta pasará a contarse entre las aldeas de la primera”.
Las preguntas para el Catastro de la Ensenada se llevaron a cabo en Muriel Viejo el día 30 de julio de 1751 y siguientes. Era por entonces el pueblo de señorío del marqués de Vadillo, Joseph Bartholome Salcedo, vecino de Soria, por cuyo título percibía 17 reales de vellón anuales por los impuestos de pedido y martiniega (1), además de 4 aves que valían ocho reales y medio carnero valorado en diez. “…tambien percibe las penas de Camara pero no saven aia havido alguna queuno y otro cobra de inmemorial tiempo a esta parte no saven con que titulo o razon”. El rey recibía los impuestos que le correspondían que eran siempre los mismos: quatro unos por ciento, real servicio de millones y nuevos impuestos, lo que hacía un total de 333 reales de vellón. Junto al rey y al señor, en este caso lo había y era el marqués de Vadillo, la Iglesia cobraba los diezmos, que se repartían entre el sacerdote (beneficio curado), el cabildo de la Catedral de Osma y la iglesia parroquial de Muriel. El cura recibía, cada año, 12 pollos, 3 lechoncillos de siete semanas, miel y cera, 2 fanegas de pan, además de cobrar, en dinero, los derechos de bautizar, de casamientos y de funerales, lo que suponía 156 reales al año. Algo más de ciento cincuenta personas vivían en 1751 en Muriel Viejo. Sólo se sabe el nombre y primer apellido del cabeza de familia.
Manuel de Ortego, casado, labrador, 3 hijos, una criada Manuel de Matheo, casado, labrador, 2 hijos Marcos Marín, casado, labrador y sastre, 3 hijos, 1 criado Martín García, casado, labrador, 2 hijos, 1 hermana menor Martín García, viudo, labrador, 2 hijos Manuel García, casado, labrador, 3 hijos Manuel de la Peña, casado, labrador, 2 hijos, 1 criada Miguel García, casado, labrador, 3 hijos Marcos Núñez, casado, labrador Manuel Poza, casado, labrador, 3 hijos Manuel de Arroyo, casado, labrador, 3 hijos Manuel de Cubilla, casado, labrador, 3 hijos Isidro García, casado, labrador, 2 hijos Sebastián Escribano, casado, labrador, 2 hijos Santiago Cubilla, casado, labrador, 3 hijos Pedro Fernández, casado, labrador, un antenado (2) y una sobrina Juan Núñez, casado, labrador, 3 hijos Joachín García Juan Delgado Pasqual, casado, labrador, 1 hijo Juan de Peña, casado, labrador, 1 hijo Juan Delgado, casado, labrador, 2 hijos Juan Delgado Hernández, casado, labrador, 4 hijos Julián Delgado, casado, labrador, 1 hijo Domingo La Torre, casado, labrador, 2 hijos Andrés de Ortego Esteban García, casado, tejedor, 4 hijos Roque Ortego, casado, labrador, 1 hijo Tomás Cabrejas, casado, labrador, 1 hijo, 1 sobrina Felipe García, casado, labrador, 1 hijo Gabriel García, soltero, carretero Centola Cabrejas, viuda (3), 2 hijos Andrea Pasqual, viuda María Barrio Ibáñez, viuda María García, viuda, 1 hijo Ana Cabrejas, viuda, 1 hijo María Cabrejas, viuda, 5 hijos Bernarda la Torre, viuda, 1 hijo María Arroyo, viuda, 4 hijos Manuela Tejedor, viuda, 5 hijos Manuela Mateo, viuda
Estos vecinos y sus familias vivían en un espacio que ocupaba, de Este a Oeste 3.200 varas, de Norte a Sur 4.080 y de circunferencia 12.200 varas. Había 40 casas habitables y 10 que servían para encerrar ganados, paja o hierba. La tierra producía 2.737 fanegas y 858 varas, que se dividían así: 20 fanegas de tierras de secano, 3 de hortaliza (huertos pequeños que se regaban a brazo y producían berza), 15 fanegas de prados de primera calidad, 10 prados de segunda calidad, 6 de prados de tercera calidad, 10 fanegas de sembradura de primera calidad, 11 de segunda y 22 de tercera, 3 fanegas dedicadas a eras, 122 fanegas ocupaba la dehesa de mediana calidad. Pero la mayor parte del terreno, 2.465 fanegas, eran tierras incultas, cerros pelados, matorrales, pinar y robledal. Las tierras producían trigo, centeno, cebada, berza, lana, corderos y cabritos. Por cada fanega de trigo común recibían, o se valoraba, en 12 reales; de centeno a 10 reales; cebada, 8 reales; lana 28 reales. La arroba de berza 1 real; la de hierba 1 real. Los aniños 24 reales por cabeza; cada cordero y cabrito 10 reales; cada lechoncillo de siete semanas 12 reales; cada pollo 1 real. Por el término había 106 colmenas, de las cuales 61 pertenecían a Andrea Pascual. La ganadería la componían: 87 bueyes; 38 vacas; 16 terneros; 29 jumentos, jumentas y pollinos; 69 cerdos; 57 carneros; 246 ovejas; 70 borregos y borregas; 109 corderos; 47 cabras; 30 machos y 11 cabritos. Los vecinos (excepto las viudas, que se supone cobrarían la mitad) cobraban al quinquenio 68 reales y medio de vellón “por la industria de serrar madera por la tabla que para vender y portear sacan”, lo que ahora denominamos aprovechamientos forestales vecinales. El Común era propietario de:
En cuanto a la sierra de agua propia del Concejo, andaba corriente con agua ocho meses, distaba de la población mil pasos y la tenía arrendada Marcos Núñez. Rentaba 120 reales al año.
Por último echemos un vistazo a lo que de Muriel Viejo anota Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico, publicado en Madrid, 1845-1850. La población había mermado hasta situarse en “110 almas”. La industria era la carretería y el corte y aserrado de maderas. Decía que estaba situado en un hondo de monte pinar y robledal, dominado al Este por dos elevados cerros “en uno de los cuales se ven las ruinas de un antiguo castillo entre las que se encuentran varios sepulcros. Había escuela de instrucción primaria dotado con 600 reales y las casas se habían reducido a treinta. Una fuente de buenas aguas abastecía al vecindario “y una cueva de la que se desprende un arroyo que sirve para regar algo”.
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