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CURSO ESPECIALIZADO DE PERIODISMO INTERNACIONAL Escuela de Periodismo EL PAÍS| Palacio de La Cristalera | Miraflores de la Sierra | 14 de julio de 2007
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Al otro lado de la redacción El taller de la historia | Visita al periódico EL PAÍS| ver el artículo publicado en EL PAÍS
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14 de julio de 2007. - Soria Noticias - F. J. Rubio - Una veintena de miradas buscan tras la cristalera de la redacción, en la pantalla del ordenador, los titulares del día siguiente. Sin querer viajan con la mente hasta el puesto del redactor y se imaginan elaborando un atrayente reportaje que al día siguiente será portada del periódico en los quioscos del mundo. Cuando entras en el taller, entres los escritores de historias, en ese amplio lugar donde se fragua el trabajo de mañana, la mirada se queda pequeña. Analizas los libros que inundan sus mesas, escudriñas las notas de sus cuadernos, escuchas sus palabras como el dogma a seguir y cierras la boca porque estás frente al sueño cumplido. Estos hombres parecen estar hechos de otro material, acumulan la experiencia que les asegura una interesante apostilla en la conversación de interés general. Pero son humanos, en su interior lloran con algunas historias macabras de los teletipos, o con algunas de las fotografías que escalofriaron al mundo: los guardias africanos contratados por las compañías posando con las manos cortadas como castigo. Nos gusta que sientan, que sean capaces de guiarse por la sensibilidad para elegir el tema que leeremos mañana y que nos pondrá en contacto con los guardias de las manos cortadas, con los hermanos negros que viven tan lejos, y tan cerca, y que el papel del periódico nos acercará mañana más. - ¿Habéis terminado con la 4?, pregunta en voz alta el jefe de sección. En la cuatro leeremos mañana que “El Ejército de Líbano lanza una nueva ofensiva contra los islamistas en el norte”. Mañana llegaremos al quiosco, daremos un euro y recibiremos en nuestras manos mucho más. Nos informarán de que "La emigración es un derecho", según Peter Sutherland, representante especial para Migración del secretario general de la ONU. Conoceremos que Sutherland considera que el diálogo en profundidad, como el que España está encabezando en Europa con África del Norte, es el camino a seguir, y que la actitud de la sociedad española con la comunidad musulmana tras el 11-M fue "modélica". Seguimos los pasos de Belén Cebrián en su papel de guía, que nos abre las puertas del taller, las puertas de su casa, de una gran familia, más de 300 redactores conviven en aquella enorme sala sin principio ni final, donde cada día toma forma la historia, el redactor escribe durante el atardecer lo que mañana será material de quiosco y al día siguiente de hemeroteca, y eso obliga a ser diligente, a ser equilibrado. – “¡No usamos correctores, no sirven, prestamos toda la atención necesaria!” comenta Cebrián, “esto, como en las operaciones médicasrequiere de profesionalidad y evitamos cualquier descuido”. El papel guarda para siempre las comas que no pueden escapar como el silencio de la radio, los periódicos encierran con celo todo lo que se imprime en sus páginas blancas por la mañana y dibujadas de poesía al amanecer, cuando entran en esos gigantescos camiones que aguardan en las puertas de Miguel Yuste, número 40, en la sede del taller de la historia. - “¡Nadie sabe dónde vamos!, ningún medio de comunicación, ninguno conoce el futuro de la prensa en el mundo, las cosas están cambiando, y nosotros estamos ahí, observando, sólo podemos hacer eso” explica Cebrián. El futuro de la prensa es incierto, las nuevas tecnologías piden paso. Puede que las monumentales máquinas que ahora arrancan frente a nuestra pávida mirada,estén mañana al lado a la histórica imprenta de la entrada, en la sede del periódico EL PAÍS. Entramos a una nueva sala, de ella salen estudiantes de algunas universidades europeas. – “Nuestro periódico despierta interés entre estudiantes y profesionales de otros países” explica Cebrián con ademanes de seguridad y experiencia, esa que a nosotros nos falta y de la que continuamos bebiendo durante la visita. -“Nunca olvidaré las sensaciones que viví en la redacción el día que destruyeron las Torres Gemelas en los atentados de Nueva York” comenta nuestra nueva guía, una joven muy bella de ojos oscuros y dulce silueta. – “Ese día todo el mundo ayudó a todo, era una gran piña trabajando para conseguir un buen diario, para llevar más allá el prestigio de este periódico”. Pasamos por la sala de máquinas, allí un cartel gigante con la portada del 12 de septiembre de 2001, recoge un titular subrayado sobre la foto de las torres ardiendo: América atacada. Eso impresiona, al igual que el infinito pasillo donde sobre nuestras cabezas, avanzan a gran velocidad los suplementos de mañana. El fax escupe un teletipo: Otro periodista asesinado. El fotógrafo de la agencia Reuters Namir Noor-Eldeen, iraquí de 23 años fue asesinado ayer en Bagdad junto a su conductor Saeed Chmagh, de 40 años, cuando una bomba estalló al paso del coche en el que viajaban. Eso es lo que vale la vida en medio de un conflicto. Eso es lo que nos han contando los reporteros, los corresponsales, los viajeros, los que regalan su sangre para dibujar con letras sobre las hojas en blanco de la prensa bonitas historias, los que nos acercan África, los que fotografían el rostro de la muerte, los que vuelan lejos de su familia desde su cómoda vida, los que sonríen cuando vuelven a Barajas sintiéndose afortunados, los que nacieron para respirar el periodismo y compraron el New York Times antes de cumplir los 20. Los que no duermen escuchando la BBC, los que quizá no saben hacer otra cosa que aprender cada día más. Sus cuerpos parecen inoculados por un veneno que no permite descansar, cientos de horas de lectura de prensa, de libros, de viajes, de aeropuertos, de historias. Muchas de ellas se han revivido estos días en el Curso de Periodismo Internacional de EL PAÍS, en el Palacio de La Cristalera, deMiraflores de la Sierra, (Madrid) donde no sólo se aprende cómo colocar las palabras de forma cuidadosa sobre el folio, sino a ver las cosas de otra forma, a pensar, a razonar el por qué, a ver más cerca la lejana información para hacerla nuestra. Llega la hora de la comida y partimos desde el taller hasta la sierra de Madrid, dejamos el calor de la urbe para encontrar un aire más fresco en Miraflores. Dejamos atrás a los artesanos de historias en su ahora silencioso taller, escribiendo la historia de mañana.
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